si jo no hi fos (la festa seria més divertida)..·..et vindré a tapar

la crítica ha dicho…….·….el público ha dicho…


Núvol

Si yo no estuviera: Amor cocinado a fuego lento (y con un personaje no invitado)
Un espacio oscuro. Un espacio vacío. Un espacio que permanece en la imaginación de un colectivo. Un espacio para llenar de relato y movimiento. Un espacio en construcción. ¿No es esta la esencia del teatro? Las compañías suben a un escenario disfrazado previamente. Todo está escrito en un guion, también unas frases y la intención con la que deben estar dichas. Pero y si no hay disfraz, si no hay frases, si no hay intencionalidad. Y si el escenario permanece vacío durante meses y meses, ¿incluso años? Y si solo lo ocupa, al cabo de meses y meses, incluso años, ¿un marco rectangular y una estructura cuadrada? Está claro que es un espacio en construcción. Un espacio que la compañía acabará llenando para contar una historia que el público también deberá construir a través de su inteligencia e imaginación. Son las reglas del juego de la compañía Espai en construcció que llena ya el escenario de La Vilella hasta el 29 de octubre con su nueva propuesta escénica, Si jo no hi fos (la festa seria més divertida).

No queda del todo claro cuando empezó todo. Pongamos que hace ya unos dos años, cuando se encontraban en medio de las funciones de su primer espectáculo Te vendré a tapar. La acogida de aquella obra fue fantástica. Hicieron funciones en La Vilella (donde se sienten como en casa) y luego en La Seca. Y más que cercaron con el relato de tres mujeres que durante la Guerra Civil deciden ir a buscar al marido de una de ellas. Una obra de denuncia a medio camino entre el drama, la comedia y el realismo mágico. Una obra que impactaba también por su juego escénico, con pocos elementos de atrezo, sin decorados. Y mientras representaban Te vendré a tapar, un día cualquiera, toda la compañía, comandados por Roger Ribó, comenzaron a construir la siguiente obra. Sin nada, sin ninguna idea preconcebida, sin ningún escrito previo sobre el que trabajar. Pero de ese momento ya hace dos años, y las cosas han cambiado mucho desde entonces. La cocción es lenta. El proceso de creación de los de Espai en construcció tiene que pasar por varias etapas de formación y crecimiento para llegar a su momento óptimo: el estreno.

Primeros pasos
En un proceso de decisión colectiva pensaron en un concepto: la vejez. Y una pregunta sobre la que abrir un proceso de investigación: ¿Por qué nos volvemos como nos volvemos cuando somos mayores? Los días pasaron, la investigación tuvo su proceso, hasta que al final se sacaron las primeras conclusiones. “Vimos que el hecho de que alguna gente no estuviera contenta con su vida fue por una decisión no tomada, que habían tenido miedo” concluye Roger Ribó, director de la compañía. Estas primeras conclusiones, estas semillas que abrían infinitas posibilidades de relatos eran fruto de un proceso absolutamente colectivo. No hay jerarquías en la compañía. Roger Ribó tiene el mismo grado que Maite Bassa, Montse Bernad y Blanca Solé, las tres actrices, o que Elisenda Ribó, la productora. Y aunque la conducción parece que la lleve el Roger, el funcionamiento de la compañía es igual que una cooperativa. Incluso cuando hay decisiones dolorosas, todos van a la par. Por eso cuando el mismo Roger, en medio de un ensayo, preguntó en alto si lo que estaban haciendo los interesaba realmente, todos vieron que aquella obra, aquel proyecto sobre el que ya hacía meses que trabajaban y sobre el que ya tenían un 70% escrito, no valía, que tenían que empezar de nuevo y partir prácticamente de cero. Este detalle marca la exigencia y la honestidad con la que trabaja esta compañía. No tienen miedo, no tienen prisa, los tiempos los marcan ellos. Espacio en construcción necesitan expresar sus proyectos artísticos sin lugar a dudas que lo es realmente lo que quieren expresar y cómo lo quieren expresar. El objetivo: contar historias que conecten con la gente y que al mismo tiempo, gracias a un lenguaje propio, poético e imaginativo, logren transformar su manera de ver la realidad. Una mirada, con un pie en el histórico y otro en lo cotidiano, que transforme miradas.

Primera muda de piel
No hubo demasiado tiempo para el luto. Pasaron directamente a la última fase: la aceptación que gran parte del trabajo hecho no servía para nada. Pero había algo, un hilo del que tirar y desde el que sí se podía construir algo. Fueron a la esencia, a aquel concepto primigenio sobre el que empezaron a trabajar y que vertebraba la obra que tenían a medias. A partir de este concepto, de nuevo con meses y meses de ensayo, decidieron construir una historia de amor entre un hombre y una mujer. Una relación convencional y cotidiana. “Descubrimos que queríamos abrir un mundo más allá de lo tangible. Que el que pasaba por dentro, tenía que poner fuera “. Montse Bernad habla de dar entidad aquellas emociones, a los mismos miedos. “Empezamos a investigar sobre cómo el miedo nos afectaba en las decisiones que tomábamos y las que no tomábamos” explica la actriz.

La muda de piel del proyecto además provocó la necesidad de incluir dos miembros más a la compañía, dos hombres, un actor y un músico. En primer lugar se necesitaba la figura de un actor que diera entidad al hombre cuya protagonista se enamoraba. El elegido fue Xavier Pàmies, miembro de La Trama Producciones. La conexión de Pàmies con la compañía Espai en construcció viene de lejos cuando durante su periodo de formación en la Nancy Tuñón coincidió con Roger Ribó, Montse Bernad y Maite Bassa. Pero no fue hasta años después que Xavier descubrió exactamente la forma de trabajar de este colectivo. Durante el primer festival de creación artística km 0 de La Vilella se reencontraron y formó parte del equipo que comandaba el Roger Ribó. Durante unos días estuvieron trabajando para levantar un espectáculo de creación en colectivo. Xavier conectó muy bien con la manera de hacer de Roger. Fue justamente cuando se encontraban en el estreno del Te Vendré a arropar en La Vilella. Dice el mismo Pàmies que se mueve por impulsos y que cuando vio el trabajo de la compañía lo tuvo claro. “Cuando entras en contacto con una compañía en la que te gusta el lenguaje, la manera en como trabajan, no dejas de mantener el contacto con esta gente por si algún día puedes empezar a trabajar con ellos”. Entonces sonó la llamada de Roger. Necesitaba un actor de sus características, con su talento y compromiso. Y él, pocos días antes del estreno, ya pesar del duro proceso de creación (ya hace más de un año que se sumó al proyecto), no puede estar más agradecido. “Yo he visto mucho teatro y pocas veces he visto una compañía que trabaja de esta manera, con este sello”. Desde La Trama, Pàmies ha levantado todo tipo de proyectos de creación, pero yendo más al grano. Un buen ejemplo fue el Vernissatge que presentaron en el Maldà invierno pasado. Pero nunca había estado en un proceso de trabajo colectivo y con tanta gente. “A mí lo que me gusta es el lenguaje, esa cosa desnuda del espacio, que fuerza al espectador a imaginarse el espacio, a hacer secuencias en movimiento, mucho trabajo de cuerpo” remarca el actor.

Al igual que en la primera obra de la compañía, Espai en construcció quería que la música aportara también su tono a la obra. Darle una entidad que ya integraron con mucha sutileza en Te vendré a arropar. Pero en este impás a la creación, en este fuego nuevo, se llegó a la conclusión de que debían prescindir del sonido delicado del violín de Roser Farré y buscar un sonido más agresivo, con más distorsión y que pudiera ofrecer muchas capas sonoras. El sonido de una guitarra eléctrica. Es pues cuando entra en juego el sexto miembro del reparto, Albert Martí. Miembro de Trast, una banda que camina entre el ska y el pop bailable. Albert Martí ya hace años que ha abierto sus intereses a nuevos campos artísticos. Dice que el impacto de ver musicales como Hair o Qué. El musical lo hizo apuntarse a clases de teatro musical. Después de dos años de formación, Martí decide que hay que meter a fondo e impregnarse de teatro. Es pues cuando con una mirada más abierta entra en contacto con el circuito de teatro alternativo. La siguiente decisión es la de apuntarse al ciclo de formación de actor de El Timbal. En esta escuela se encuentra con un profesor que le impactó, Roger Ribó. Tiempo después es el mismo Roger que, con conocimiento de su formación como actor y como guitarrista, pide sus servicios para ayudarles a dar forma musical a su proyecto. “Ambos partíamos de cero, porque él nunca había utilizado una guitarra y yo nunca me había involucrado en un proyecto teatral. No había hecho música para escena. Para mí era un reto porque no sabía si podía hacerlo”. Albert Martí estaba cohibido al llegar. No en vano, admiraba el trabajo que hacían a la compañía, pues había visto hasta tres veces Te vendré a arropar. Además llegó en un momento donde prácticamente todo era una hoja en blanco. “Me encontraba entre la interpretación y la música, lo que tenía que tocar. Pero todo es uno, no hay separación y yo me tenía que situarse en este punto de en medio. He tenido que hacer de todo, tirarme a la piscina y actuar como ellos y quedarme mucho fuera en otros momentos” recuerda. Ahora, sin embargo, el trabajo ya está hecho, la partitura completa y afinada. Martí aporta a la obra un personaje donde su texto es la música, y con esta se dedica a “tapar lo de tapar, abrir el que se debe abrir o reforzar una idea”. Punteos, distorsiones, rascados. Un ritmo que vertebra la obra. Una especie de leitmotiv, una coda que refuerza la emoción, que no lo anticipa.

Segunda muda, encaje de piezas y ensayos
Elegir la figura del guitarrista fue una decisión que todo aportaba un elemento rupturista y que les daba más caña. Y es que uno de los motivos del reinicio fue el no hacer un Te vendré a arropar 2. “Al final nos dimos cuenta que nos interesaba mucho más hablar de las relaciones de pareja, de cómo entendíamos el amor desde diferentes perspectivas, en nuestra época” destaca Blanca Solé. Ella es Cristina, una joven con problemas para encontrar relaciones estables. Esta mujer sufre de una gran inseguridad y así lo demuestra durante toda la obra que marca la relación con Marc (Xavier Pàmies). Tampoco es que resulte especialmente interesante, ¿no? Pero es que en esta obra no es tan importante el qué sino el cómo se muestra. Y el como incluye un tercer personaje presente en todo momento y que impulsa las acciones de unos y otros. No podemos decir que es, ni que representa. El público se lo tendrá que dar la entidad exacta. Si es que lo tiene. Este personaje para definir la interpreta Montse Bernad. Tanto su trabajo como el de Blanca Solé están medidos, buscando la sutileza del detalle que, ayudadas por la música, marquen las emociones y los sentimientos. Por último está el personaje de Maite Bassa, la amiga de Cristina que actúa como contrapunto de esta. Hay que decir que antes de dar entidad a todos los personajes una vez más durante este proceso de creación llegaron a una calle sin salida y tuvieron que retroceder. “Creamos una historia de dramaturgias cruzadas [...] pero al final había demasiada arquitectura para algo que no acabábamos de llegar al fondo de todo” recuerda Montse Bernad. Pero esta vez no fue tan traumático. Sólo tenía que definir aún más este personaje enigmático y la relación que tenía con los demás. Una segunda muda de piel para finalmente llegar a la idea, a la dramaturgia exacta. No le ha sido fácil, a Roger Ribó, escribir esta obra pues tenía dos líneas narrativas, dos mundos que había de entrelazar y que sucedían al mismo tiempo. Pero desde mayo pasado y hasta el día de hoy la construcción de la obra ya se ha levantado en firme.

Así pues cuando este cronista visita El timbal a mediados de septiembre, se encuentra un grupo de actores que repasan los movimientos escena por escena. Lo primero que veo es la escena introductoria. Esta escena es clave para introducir al espectador en el juego escénico que la compañía propone. En el escenario sólo hay un gran marco rectangular y una estructura rectangular, oblicua. El marco sirve para construir objetos, lugares o incluso para separar mundos. Los personajes lo cogerán, el pondrán derecho o tumbado. Además el marco lleva incrustado unas luces leds que reforzarán algunas escenas con sus tonos. Durante esta introducción no sólo tienen que marcar cada paso que hacen las actrices y el actor. Hay una complicación añadida: como coger el marco, por lo que no se carguen las muñecas ni la espalda. Tienen que encontrar el punto de equilibrio sin perder el paso ni el ritmo. No es fácil. Pero todo esto es cuestión de práctica. Así pues la secuencia se repite insistentemente bajo la mirada atenta de Roger Ribó. Exigencia y perfeccionismo. No hay otra forma de trabajar por el director de la compañía. Y los actores lo saben y se amoldan perfectamente.

Una semana después me vuelvo a encontrar ya en La Vilella. Es el tercer día en que ensayan en el escenario real y tienen pocos días para adaptar todo el trabajo que han hecho en un espacio diferente de las nuevas medidas que propone La Vilella. Han pasado de un espacio de ensayo rectangular a un escenario cuadrado. Por eso durante el ensayo que presenció Roger Ribó se va moviendo de un lado a otro para encontrar lo que él llama como bloqueos, puntos donde el espectador sentado pueda tener problemas de visibilidad de los actores según la posición de estos. Siempre se debe intentar que la posición y el ángulo del intérprete esté más abierto a todos. Pero no es el único quebradero de cabeza con el que se encuentran. La luz en un espacio tan pequeño debe dirigirse muy bien y Cristina Rodríguez, técnico de luces y sonido, aunque le está cogiendo el tamaño al montaje de luces que tienen en la sala. Añadamos le cierta complejidad en el diseño de luces que pide Roger Ribó en cada escena. Sobre todo en las transiciones entre las distintas secuencias, donde pasamos por ejemplo de una escena de una clase de ballet a otra que sucede en un bar. Cada movimiento necesita su luz, su intensidad y su tono. Y esto, por Cristina acaban siendo muchas memorias para programar, según la jerga del gremio. Mientras Roger, torbellino y con los ojos captando tanto a Blanca, como a Montse, como el global de la escena, manda ciertos movimientos, más ritmo siempre desde un tono de voz tranquilo, sereno pero con seguridad. Al otro lado, las actrices siguen las órdenes al tiempo que ellas mismas se corrigen los movimientos, las entradas, los gestos que hacen. En este ensayo descubro los personajes y la relación entre ellos y intuyo que Blanca Solé hará un retrato divertido y tierno de Cristina, el prototipo de chica que vive en el permanente desastre emocional. Mientras a su lado se mueve espectralmente Montse Bernad, este personaje enigmático que acompaña a todos los personajes en mayor o menor medida, aunque será con Cristina quien tendrá una relación más cariñosa. Entre ellas hay miradas, abrazos, la cabeza apoyada de Blanca en la falda de Montse. Escenas bonitas pero con doble sentido. Las dos miradas se encuentran. Una transmite cierta tristeza, la otra es dura.

A principios de la obra, el personaje misterioso se presenta. Habla de una fiesta, donde hay gente bailando, riendo y bebiendo. Dice que ella se encuentra en un rincón, sola, ignorada y temida por la mayoría de la gente. Ella pero lo observa todo. Y decide finalmente moverse, plantado delante de alguien y fijar la mirada. Y le dice las palabras que todo lo dicen y todo lo ocultan: Si yo no estuviera, la fiesta sería más divertida, lo sé. Pero yo siempre estaré. Y cuando me mires a los ojos, sabrás la verdad.

Espai en construcció estarán en La Vilella hasta el próximo 29-O. Acérquese a él y déjese llevar por la magia y la sensibilidad escénica de este obra y de esta compañía. Una oportunidad para ver un tipo de teatro cocinado a fuego lento, apartados de los márgenes del circuito más mainstream.

Martí Figueras


Somnis de teatre

Molts dels que vam veure Et vindré a tapar (per no dir tots) vam apuntar en un raconet de la nostra memòria dos noms, el d’Espai en construcció, la companyia responsable d’aquell muntatge, i el de Roger Ribó, el seu director. En els dos anys que ha durat el procés de creació que els ha dut fins a Si jo no hi fos (la festa seria més divertida), els implicats han hagut de sentir més d’una vegada la pregunta “quan estrenareu la propera?”. I ells sempre responien que quan estigués acabada.

Després del gran èxit d’Et vindré a tapar, les expectatives sobre Si jo no hi fos (la festa seria més divertida) eren altes, i no ha decebut. Espai en construcció ha fet una aposta molt arriscada: s’ha allunyat totalment del tema i l’època de la seva obra anterior i ha construït un espectacle nou des de zero, sense recolzar-se en la comoditat d’allò que ja sabien que va funcionar. Ara bé, l’espectacle també comparteix elements essencials amb el seu germà gran, per exemple: una posada en escena tan aparentment senzilla com eficaç i mil·limètrica, una integració brutal de la música i l’ambient sonor en l’acció i una sensibilitat i una delicadesa extremes a l’hora de tractar els personatges i les emocions.

Així, Si jo no hi fos (la festa seria més divertida) fa servir l’excusa d’una història d’amor per parlar d’allò sempre present i sempre invisible: la psicologia. De fet, costa més explicar-ho que veure-ho, perquè si alguna cosa han aconseguit Roger Ribó i companyia és crear un llenguatge planer, clar i poètic per posar sobre l’escenari tot allò que ens passa per dins quan ens enfrontem al món: angoixa, inseguretat, pensaments negatius, manca d’autoestima, egoisme, narcissisme, tristesa… És difícil no sentir-se identificat amb aquests personatges que intenten avançar per la vida mentre una presència invisible per a tots, però real i física per a ells, els posa pals a les rodes, els talla la respiració o els acarona a l’hora d’anar a dormir.

Amb una única peça d’escenografia (una rectangle de fusta amb llums led, que tan aviat és una porta com una barra de ballet o una televisió, i que els intèrprets manipulen amb una precisió increïble), un acurat disseny de llums i les composicions d’Albert Martí a la guitarra, Ribó construeix un ambient que transita entre el fora i el dins, entre el que es veu i el que es sent, de vegades lluminós, de vegades opressiu, però del que no podem apartar la vista.

En escena, a part de Martí (que toca en directe) trobem un repartiment entregat format per quatre intèrprets, on destaquen Blanca Solé, en el paper de la protagonista, una noia normal que només vol ser feliç, i Montse Bernad, la veu interior dels personatges, una presència ubíqua que juga tota l’estona a ser visible i invisible, i que resulta tan seductora com esfereïdora.

Si jo no hi fos (la festa seria més divertida) mostra amb lucidesa i una delicadesa extrema quelcom que a molts us sonarà conegut, aquella veu que tenim al cap que és la nostra pitjor enemiga, aquella angoixa que de vegades ens ofega, aquella confraternització que tot sovint establim amb la nostra pròpia por, i ho fa sense jutjar, en un exercici extrem d’empatia que només busca recordar-nos que tots, tots, vivim acompanyats d’aquestes veus. Una petita (o gran) catarsi per fer-nos sentir menys estranys. Un muntatge preciós que no hauríeu de perdre-us, passi el que passi (i ja sé que passen moltes coses).

★★★★★

Gema Moraleda


EspectáculosBCN

La Vilella ens presenta un espectacle que és tot elegància. Si jo no hi fos, la festa seria més divertida. Un treball coral que ens parla d’aquell ser que tots tenim a dins, que és una acumulació dels nostres fracassos, de les nostres pors… i que aquí agafa cos i se’ns fa present.

La Cristina és una noia que arrossega un jo interior amb molta força i personalitat. Tanta, que el podem veure. I la Cristina el percep, el sent, i hi parla. La Júlia és l’amiga de la Cristina. Una amiga de les de debò. Es coneixen, s’endevinen, es complementen. En Marc és el nou veí del barri. A partir d’aquests tres personatges, es construeix una història on les relacions entre les persones serien molt fàcils… si no fos per una convidadada que ho distorsiona tot: la Cristina interior que surt fora per ficar-hi cullerada.

Si jo no hi fos (la festa seria més divertida) és un muntatge perfecte per un espai petit, no li cal més. No necessita massa escenografia. Un marc de porta enorme fa totes es funcions de l’auca, amb molt d’enginy i imaginació. Amb un sol element recreen des d’un autobús a una escola de ballet. I ho veiem. El muntatge juga amb la nostra imaginació i ens envia reptes contínuament.

Els moviments de l’obra semblen un ballet, amb una coreografia delicada i ben interpretada que flueix suaument i ens captiva. El text de l’obra ens fa riure, perquè va carregat amb un humor molt àcid, i també ens fa estar amb l’ai al cor, pendents d’aquell jo interior que ha decidit cobrar vida i tirar pel dret… els moviments ens hipnotitzen i ens relaxen. Un combinat explosiu.

La música, en directe, d’Albert Martí és un luxe que es gaudeix des d’abans de començar l’espectacle. Una música que forma part de les escenes i que acompanya els personatges en les seves anades i vingudes. Albert Martí crea una atmosfera ideal per a cada situació.

Maite Bassa, Montse Bernad, Xavier Pàmies i Blanca Solé ens regalen una interpretació plena de matisos i de detalls que és com una filigrana on cada petit gest és una part important de l’obra. En aquest muntatge, tot és subtil, efímer, delicadíssim… i, sobre tot, molt, molt elegant.

Si jo no hi fos (la festa seria més divertida), a La Vilella, ens commourà, ens farà riure dels personatges i la seva poca traça… però ens estarem rient de nosaltres mateixos. I, sobre tot, ens farà gaudir d’un muntatge excel·lent que converteix la nostra vida quotidiana en una petita obra d’art.

★★★★★

Nicolas Larruy


Voltar i voltar

Un treball rodó, una petita obra d’art
Dues amigues, la Cristina (Blanca Solé) i la Julia (Maite Bassa) parlen sovint de les relacions, comparteixen aficions, comparteixen secrets. Tenen visions diferents dels homes i del que és important o prioritari a la vida.

La Cristina coneix en Marc (Xavier Pàmies), un escriptor propietari d’una llibreria I inicien una relació. Expectatives, inseguretats, pors.

Aquesta incipient relació és l’excusa per fer evident la presència de la nostra veu interior (Montse Bernad), la presència que condiciona les nostres actuacions, aquella presència invisible però que hi és, que sempre hi serà. La persona solitària del racó que tot ho sap. Una presència que representa la por, la inseguretat, la falta d’autoestima, l’orgull, el sentit del ridícul, l’angoixa, la tristesa, ….

Una figura que qüestiona, dificulta o facilita decisions i que és al mateix temps amiga i enemiga, dura i tendra, conciliadora o absolutament intransigent.

Sota la direcció de Roger Ribó, amb una posada en escena senzilla, una acurada il·luminació i una perfecta integració de la música que ha creat i interpreta en directe Albert Martí, ens presenten una peça plena de poesia i delicadesa on totes les interpretacions tenen un pes important.

Un únic element escenogràfic juga un paper brutal a l’acció, un rectangle de fusta que fa de porta, de barra de bar, de balcó o fins i tot de peça de museu. No cal més per deixar jugar a la imaginació i omplir l’escena.

És inevitable sentir-se identificat amb algun dels personatges magníficament dibuixats a escena, o amb algunes de les situacions descrites.

Amb unes interpretacions d’una sensibilitat i tendresa realment encomiables i una excel·lent posada en escena, hem gaudit de nou de l’oportunitat de veure i sentir un treball rodó, una petita obra d’art.

★★★★☆

Miquel Gascón i Imma Barba